
...YO...
Hace ya mucho tiempo, en el silencio sin silencio de la calle, desde mi lugar vi como una mosca intentaba entrar en mi espacio, se paseaba por el dintel de la ventana, salia y entraba sin saber muy bien a donde ir.
Pensé que la mosca estaba un poco perdida y que no sabia si era bueno entrar en un lugar del cual no había escuchado nada aun; pero no fue así, ella a un ritmo rítmico, seguía un camino imaginario que se encontraba en el aire entre el exterior y el interior, se movía en círculos que si uno se fijaba atentamente podía escuchar la música que se creaba a su compás, era una canción de amor; la conocía, la tarareaba y sorprendida de mi, me quedé absorta ante aquella imagen entre la belleza de lo que expresaba y lo absurda que era aquella estampa, de una mosca bailarina o compositora. Pero mientras tarareaba la canción, aquella comenzó a sentirse más cómoda y confiada; y entraba cada vez más en mi alcoba en círculos más grandes y más centrada al ritmo que yo seguía... un, dos, tres... un, dos, tres...
Empecé a familiarizarme con aquella situación curiosa e intenté cambiar de canción, pero a mi sorpresa, ella dejo de bailar; de nuevo tarareé la misma canción que al principio y ella de nuevo comenzó a moverse al mismo ritmo... aquello era insólito, un insecto con sentido del oído y de la música que era lo más peculiar.
Emocionada con aquello, puse letra a la canción y me fui acercando poco a poco para estar más cerca de ella y observarla desde una distancia que pudiera ver su forma y sus piruetas.
Al acercarme y estar cantando en voz baja al lado de ella para que no se asustara, llegué a tal estado de sentimiento, una por la canción que provocaba miles de recuerdos en mi cabeza y dos por aquella magnifica imagen, insólita y extraña que solo era para mi, que las lágrimas comenzaron aparecer por la comisura de mis ojos, lloraba no sabia bien si por los recuerdos o por todo en si.
No se muy bien el porque, a lo mejor por mis lágrimas o por la canción, aquella pequeña trapecista del cielo se me posó en el hombro y tras mis sollozos se acercó a mi oído y me dijo algo, que de repente me envolvió una tristeza que solo el que lo haya vivido se mimetizaría en mi lugar.
Caí al suelo entre las lágrimas en mis manos, recogiendolas supongo para guardarlas como un perfume que solo podría encontrar en aquel momento, un recuerdo hecho liquido que guardaría para nunca más volver a oler. Tras mi desolación, ella voló para nunca más regresar. Miré tras mi ventana como se alejaba hasta que la distancia ya no me dejo percivir su silueta de insecto volador.
Aquella mosca insignificante, me regaló un momento y un recuerdo, que aun hoy guardo en un frasquito para no volver a oler.
Ella me dijo: SOY YO.
